Por: Víctor J. Rodríguez Calderón“Los soldados libertadores no volverán a su patria sino cubiertos de laureles, pasando por arcos triunfales. Vencerán y dejaran libre al Perú o todos morirán. Yo lo prometo”. Era la declaración de una ruptura de hostilidades y de un desafio a muerte, cosa que nunca se atrevió a realizar el llamarlo protector del Perú San Martin.
Políticamente y militarmente en el Perú la revolución agonizaba, había sido exterminada prácticamente en los campos de batalla, estaba desprestigiada en toda la opinión publica. El historiador González Balnes, en su libro: “Bolívar en el Perú” en el tomo I pagina 323 relata lo siguiente: “los sucesos posteriores a la salida de San Martin habían postrado a la nación en una serie de males tan grandes que el mismo Sucre hubo de confesar a tiempo que no veía mas salvación posible que la presencia de Bolívar. Para lo político había quedado el presidente Riva Agüero y para lo militar el General Santa Cruz. El primero miope y petulante, pensó que lo oportuno era desatar una campaña nacionalista contra los colombianos y se convirtió en el enemigo de Sucre desde el primer día. El segundo, se lanzó a una desastrosa campaña por el sur, con dirección al alto Perú, cuyo final fue la perdida de más de cuatro mil hombres. ¡Regreso derrotado, sin haber combatido y con solo 700 soldados!
Toda esta problemática encuentra Manuela en Lima, la causa está vencida y solo Bolívar puede rescatarla. Peligros, contradicciones, intrigas inquietantes, traiciones a la vista, la ponen de inmediato a trabajar y aun por encima de las protestas del marido, se convierten la secretaria de su amante.
Se dispuso a defenderlo a costa de su propia vida, a informarle minuciosamente todo cuanto se decía en los salones de la aristocracia Limeña y cuanto se cuchicheaba por las calles y en los grupos populares. Para esto creo un cuerpo de inteligencia con políticos, militares, pueblo y sus dos negras que le acompañaban, quienes eran astutas y muy fieles a la causa. Su amiga Rosita Campusano, para quien las glorias habían terminado y también las riquezas; la huida de San Martin fue para ella fatal, también la convirtió en una agente espía a favor de la causa Bolivariana.
Muchas batallas faltaban en su América por librar y ella estaba dispuesta a darlas, es mas, se declara intolerable e indiferente ante ese mercado de los chismes y las habladurías, lo que por supuesto produce en Manuela un respeto de todos aquellos que la rodeaban. El ejército revolucionario ve en ella a la combatiente que se enfrenta a la historia nueva y libre y especialmente a esa sociedad Limeña que se espantaba ante las realidades de la vida que hacia la Quiteña. (I) “todos los generales del ejercito, sin excluir a Sucre, y los hombres mas prominentes de la época tributaban a Manuela Sáenz las mismas atenciones que habían acordado a la esposa legitima del libertador. Las señoras eran únicamente esquivas para con ella; y está, por su parte, nada hacia para conquistarse su simpatía benevolencia entre los seres de su sexo” (II)
(II)_Ricardo Palma OP.CIT.





